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 Re Vampire

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Selyei
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MensajeTema: Re Vampire   Sáb Mar 08, 2008 2:13 am

Sí, yo también estoy haciendo una historia de vampiros xD, jojojo. Es que los vampiros molan ¬¬

bueno, os dejo aquí con el prólogo :3

Espero que os guste ^^


x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x.x



Prólogo

Año 1896. Roma.

Era un día esperado para Roma e Italia entera.
La gente de la localidad se concentraba en las calles, expectante, colmando a la ciudad de júbilo y alegría.
Los italianos habían salido victoriosos en la guerra contra Inglaterra.
La plaza del castillo de los Saboya se encontraba rebosante de caballeros procedentes del enfrentamiento, sus familiares y amigos, y el resto de ciudadanos.
Entre los gritos se podía apreciar conversaciones en las que se narraban arduas batallas, momentos difíciles, y la heroicidad de los guerreros.
Entonces, atrayendo la atención de los miles de presentes, el rey Humberto I de Saboya, acompañado de la mano de su única heredera, Isabella II, apareció en la enorme terraza del castillo; ambos engalanados con sus excelentes ropajes, los cuáles poseían bordados de oro e incrustaciones de las más valiosas joyas. Humberto portaba, además, una fina y sencilla corona de oro blanco, sólo utilizada en ocasiones especiales como aquella.
El cielo se encontraba arropado por un manto grisáceo, pero no fue suficiente para acallar el gozo que todos sentían. El rey, un hombre delgado y alto, con pelo corto y bigote de color cobrizo, habló en aquel momento
-¡Hoy es un día grande para Italia!-su voz ronca y profunda resonó en cada rincón de Roma. Prosiguió con un discurso que llegó a colmar los corazones de todos. Poco después, unas gotas de lluvia comenzaron a repicar en el suelo pedregoso.
En ese instante, y ante todos los presentes, un chico joven de unos veinte o veintiún años apareció desde el mismísimo cielo, aterrizando luego en la azotea. Su cuerpo se posó suavemente, como una fina pluma que va cayendo, poco a poco, al suelo. Su pelo era de un rubio pálido, revuelto, a la altura de las orejas. Sin decir nada, y mientras todos lo miraban, sacó una larga espada que había mantenido guardada, y atravesó con frialdad el torso del rey.
Isabella, la princesa, observaba la escena aterrada. Todo su cuerpo temblaba y realizaba convulsiones involuntarias producidas por el miedo. Sin embargo, se quedó quieta, al lado del cuerpo de su padre, ahora tirado en la superficie de mármol. Después dirigió su mirada hacia el chico rubio.
–Hola princesa –dijo éste al fin, con una voz dulce y fría –. Mi nombre es Alexander Sawford –la muchacha, de apenas unos trece años, no escuchó aquellas palabras. Simplemente cayó al suelo de rodillas, tomando luego el cuerpo de su difunto padre entre los brazos.
–Usted… es despreciable –tartamudeó casi sin aliento.
–Daos por servida, señorita –contestó con desagrado a la par que tomaba con la punta de su espada la corona que el rey aún conservaba en la cabeza –. Acabo de ofreceros la corona en bandeja –finalizó, acompañando a sus palabras con el lanzamiento de la joya de oro a la chica. Sin articular una nueva palabra, subió hasta la balaustrada de la enorme terraza para luego saltar al vacío. La princesa se asomó veloz para observar su caída, no obstante, él ya no estaba. Desapareció sin más.
Todos mantuvieron el más absoluto de los mutismos. Un día de festejo se transformó en pocos segundos en uno de luto.
Humberto I de Saboya fue asesinado cruelmente ante los atentos ojos de los italianos.
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Asumi
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MensajeTema: Re: Re Vampire   Sáb Mar 08, 2008 2:20 am

Anda que no hace tiempo que me lo leí! xD

Bueno nena que me encanta *-* A ver cuando lo lee más gente en el foro Ú__Ù Que este fin de semana no estoy, pero espero que la gente te postee Ò__Ó

Ja,ja la trilogía vampírica XD... xD


¡Arriba los vampiros!

Y Arriba Sawford! Que en el fondo seguro qe no es malo XD

Te Qieroo! ^^

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MensajeTema: Re: Re Vampire   Dom Mar 09, 2008 4:41 pm

Otra de vampiros ^-^

Por ahora me gusta muchooo :3
Siempre me suelen gustar tus historias *OO*
Por cierto, que fue del fic de KH?? Me kede por la mitad u.u

Besos, Publica mas n__n
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MensajeTema: Re: Re Vampire   Dom Mar 09, 2008 10:33 pm

Holas o_o;;

Increible, me gusta musho el prologo! a mi tb me encantan los vampiros >//< *a nadie le interesa* xD
Haber si lo continuash, que me sale la vena comedora de fics ò_ó!

*se va a leerse los demás fics que hay*

En fins, espero que lo continuesh!^-^


achúden.~.
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MensajeTema: Re: Re Vampire   Lun Mar 10, 2008 1:19 am

Muchas gracias a todas *.* , me habéis emocionao *snif* >.<

Y bueno, pues dejo también por aquí la primera parte del capi 1 ^^

Espero que también os guste *_____________*




1(Primera parte).- Cinco años después.


Nadie olvidó aquella muerte.
Los Saboya. Un linaje admirado por todos. Una familia de talante liberal, por siempre partidarios de la constitución y la soberanía popular.
El asesinato cometido contra el rey Humberto I se convirtió en uno de los más duros golpes asestados contra Italia.
La guardia suiza; la policía italiana; la plena colaboración de los conciudadanos. Nada fue suficiente para hallar el paradero del asesino que apareció de forma fugaz y se marchó de igual modo.
Entre las bocas de la gente se fueron creando historias, leyendas. Todas fantasiosas y carentes de sentido.
– ¡Magia!, ¡hechicería! –se escuchó afirmar entre la aglomeración de personas presentes aquel día, en la enorme plaza frente al castillo. El miedo se extendió como una epidemia maliciosa, contagiando las almas de hombres y mujeres.
Finalmente, una única idea se antepuso a las demás: Vampiros.
Muchos lo creían y otros los desmentían de manera rotunda, pero, la presencia de aquellos seres se acabó convirtiendo en un secreto a voces.
Algunos afirmaban que tan sólo un monstruo de aquel tipo podría haber sido capaz de matar al rey de aquella forma. Numerosas personas eran ya las que temían el hecho de que los vampiros convivieran con los humanos, camuflados por su apariencia terrenal. Sin embargo, aquel era un tema tabú que no debía ser conversado y que todos consiguieron olvidar hasta aquel fatídico día.
No obstante, Isabella II, nombrada reina tras aquel terrible suceso, logró calmar el estado de alerta que se creó en todo el país, a pesar de que tuvo que sufrir la muerte de su padre, quedando huérfana entonces. Su madre, a la cual amaba por las historias que su progenitor le narraba sobre ella, sucumbió en el parto de su única hija.
Aunque su edad era temprana, consiguió llevar la corona, y la monarquía constitucional correspondiente, con seriedad y madurez.
También se vio arropada por muchas personas que hicieron de su labor un trabajo menos arduo. En su totalidad, gente procedente de la alta burguesía.
Entre ellos conoció al hijo de un noble, cuyo título heredó nada más nacer.
Su nombre era Dante.
Su pelo negro y corto, sus ojos claros de color jade, su tez morena que hacía juego con una tímida sonrisa que dejaba a entrever de vez en cuando… Todos ellos eran factores que la embriagaron de inmediato. Un enamoramiento a primera vista, el cual pareció ser mutuo.
En principio se veían con escasez debido a los puestos que ocupaban. Con el tiempo, hicieron por encontrarse de forma más asidua, y finalmente, hicieron público su amor.
Todo terminó en campanas de boda.



Isabella se encaminó con paso firme y elegante hacia el interior de la basílica de San Pedro con su engalanado vestido, blanco impoluto. Se trataba de un palabra de honor, liso, ajustado al torso. A partir de la cadera se ensanchaba, terminando en una larga cola de tela. Y sus zapatos, tan solo visibles a cada paso que marcaba, dejando escapar sus delicados pies de la bóveda blanca, eran de tiras y tacón con incrustaciones de oro blanco. Un calzado precioso y sencillo.
Su peinado hacía, además, que su rostro resultara aún más bello. Lo llevaba recogido hacia atrás en un moño bien elaborado, en el cual posaba su corona y un velo semitransparente.
La única belleza comparable a la poseída por la reina era la de aquel enorme edificio. Su forma conjunta era la de una cruz latina, revestida con cinco cúpulas. La más grande de todas ellas en el crucero, y el resto en los ángulos. Su interior se hallaba adornado por mosaicos, en los que se representaba distintas jerarquías de santos en la gloria celestial, y con la imagen de Dios en la linterna central.
La joven iba del brazo de su suegro, ya que carecía de padre.
A los lados, sentados, podía sentir la presencia de toda tipo de entidades. Reyes, príncipes, nobles, comerciantes y empresarios, todos procedentes de la más alta clase social.
Sin embargo, tan solo una persona captaba su atención.
Dante.
Él se encontraba frente al pedestal tras el cual estaba el Papa. Éste oficiaría la ceremonia. Ella llegó al fin hasta allí, mirando luego con devoción los ojos de su prometido
– ¡Oh!, Iss, amor mío –la llamó Dante de forma cariñosa, casi en un susurro –. Quiero que sepas que estás haciendo de mí el hombre más afortunado del mundo –concluyó. Ella le sonrió feliz, pero con levedad. Después, ambos dirigieron la vista al frente.
Todo prosiguió sin percances. Minutos después, ambos se convirtieron en marido y mujer.
Los invitados salieron al exterior a esperar a la pareja, la cual aguardó en la basílica unos minutos más.
Cuando Isabella comenzó a salir por las grandes puertas de aquel lugar santo de la mano de su marido, le pareció que no podía ser más feliz. Toda la tristeza que soportó en silencio durante aquellos cinco años se vio recompensada, en parte, aquel momento.
Cientos de oficiales adornaban la plaza de San Pedro, con sus yelmos ornamentados con plumas y fusiles al hombro.
La plaza también era admirable. Era ovalada con columnatas alrededor, encima de las cuales, y por todo el perímetro, se apreciaban numerosas estatuas de santos y santas de todas las épocas y lugares. Además, sobre la fachada del edificio, se localizaban las figuras de los doce apóstoles, San Juan Bautista y, en el centro, Cristo.
Isabella miró una vez más a Dante, antes de sentir una presión terrible en el estómago. En un abrir y cerrar de ojos, y sin que nadie pudiera percibirlo en un primer momento, alguien tomó a la reina por la cintura, empujándola hacia sí.
Portaba unos pantalones negros ajustados y una camiseta blanca ensanchada. Sus manos estaban cubiertas por unos guantes de cuero azabache y su rostro se antojaba oculto por un enorme sombrero, negro también. Aquellas ropas tenían cierto aire medieval.
Todos alrededor se abalanzaron sobre aquel tipo. Aún así, nadie pudo interrumpir aquella captura. Con un simple empujón, aquel joven tumbó en el suelo a más de una decena de hombres. La muchacha quiso zafarse de sus brazos, pero resultó una tarea impo-sible. Por mucho que lo intentaba, él ni si quiera hacia ademán de realizar un esfuerzo.
En aquel instante, ella clavó sus ojos asustadizos en los de su marido, ahora tirado en el suelo. Éste se incorporó vertiginosamente para alcanzar a Isabella.
Estaban secuestrando a la reina de Italia en medio de cientos de personas, y absolutamente nadie era capaz de impedirlo. Ni Dante, ni los invitados, ni los oficiales, ni siquiera los ciudadanos que rodeaban expectantes la basílica lograron detener a aquel hombre. Éste se abría paso a empujones con una potencia sobrehumana.
– ¡Qué alguien lo detenga! –se escuchó exclamar entre el gentío, segundos antes de que el captor se desvaneciera en el horizonte junto a la monarca. Todos se miraron entre sí, sorprendidos. Dante se desplomó sobre el suelo, totalmente rendido. No terminaba de comprender lo que había pasado. Aquella fuerza descomunal, su asombrosa rapidez y astucia… fuera quien fuera, era mucho más que un hombre. Algo que superaba a lo humano.
Instantes después, el nuevo rey consorte se puso en pie
– ¡Qué todas las salidas de la ciudad estén vigiladas! ¡Qué todos estén alerta! ¡Quiero que tiemble Roma hasta que se encuentre a la reina! –su voz sonó quebrada, con cierto tono de impotencia que avivaba un poco más su ira.
Isabella se encontraba, mientras tanto, apresada por un hombre que corría a una velocidad vertiginosa con ella a cuestas. Al principio hizo todo lo que pudo por soltarse, pe-ro acabó desistiendo al comprobar que se trataba de algo absurdo.
Hacía ya más de un minuto desde que perdió con la vista a los oficiales que los perseguían para rescatarla. No pudieron mantener el ritmo durante mucho. La rapidez de su secuestrador hacía sombra a las demás, y su resistencia parecía inagotable.
Comenzaron a introducirse en calles más estrechas y oscuras, a pesar de que el sol era uno de los protagonistas aquel día. Cada tiempo, la joven conseguía apreciar a alguna que otra persona que se quedaba estupefacta ante la escena. La chica gritaba entonces, desesperada, reclamando ayuda. No obstante, para cuando terminaba de hablar, ya se encontraban a muchos metros de nadie que pudiera oírla.
En aquel momento eligió la opción de cerrar los ojos con fuerza, ya que aquella celeridad le producía un vértigo espantoso, y prepararse emocionalmente para soportar lo peor.
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MensajeTema: Re: Re Vampire   Lun Mar 10, 2008 1:22 am

Woooo!!!! *OO*

solo es la primera parte del capitulo 1 o.O
Y porque no lo pones entero =)

Aunque creo que lo as cortado en el momento justo!!! >.<

Continualo!
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MensajeTema: Re: Re Vampire   Lun Mar 10, 2008 1:32 am

No los pone enteros porque son súper largos xD

Y eso que el capítulo uno es cortito, comparado a los otros (que yo recuerde =O)

Como siempre, ya me lo había leído, y me gusta mucho *-*

Mi prefe es Vincent (aún no salió bwajaja! XD)

Un besoo *-*

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MensajeTema: Re: Re Vampire   Lun Mar 10, 2008 1:34 am

Jo *o*, sois todas tan monas.... , dentro de unos días pondré la siguiente parte del capi 1 *.* muahahahahaha XDDD
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MensajeTema: Re: Re Vampire   Dom Mayo 11, 2008 5:11 pm

Bueno, como hace ya bastante que no actualizo esto, subo la segunda parte del capi 1 xD



1.(segunda parte)- Cinco años después.

Una vez que la muchacha llegó a acostumbrarse a la velocidad, se detuvieron. Aquel tipo la dejó con sumo cuidado en el suelo. A la reina le resultó extraño ese comportamiento. No era propio de alguien con tal crimen como el de un secuestro.
–Acompáñeme –se asemejó más a una petición que a una orden, que era de lo que realmente se trataba.
Isabella exploró su alrededor con la mirada. Parecía una casa abandonada. Estaba ta-pizada con parqué, incluidas las paredes.
Resultaba extraña.
Los muebles eran sustituidos por un intenso polvo que hacía de todo un sitio aún más viejo.
Primero se encontraron en una pequeña entrada. La joven pensó por un momento en la posibilidad de escaparse; tenía la puerta a unos pocos centímetros. Pero la descartó de inmediato al recordar la fuerza y rapidez del hombre que tenía al lado.
La pequeña estancia conducía a dos lugares: el primero era un cuarto algo más amplio, pero también desolado. Si tuviera mobiliario, aquel debía ser el salón.
La segunda bifurcación eran unas escaleras rectas que conducían a un segundo piso. Ella pasó en primer lugar. Comenzó a escuchar unos murmullos leves una vez estuvo en la nueva planta. Ésta poseía un pasillo que daba camino a cinco habitaciones. Dos a cada lado y una al fondo. Su apresador la adelantó y abrió una de las puertas que se encontraban en las paredes de los lados. Luego, ambos se introdujeron en la habitación.
La reina se cohibió ante el panorama.
Al fondo pudo apreciar cuatro nuevas personas. Una de ellas, mujer. Todos portaban ropajes de apariencia medieval.
En el medio había, además, un enorme y lujoso sillón de terciopelo rojo, cabezal y reposabrazos. El único mueble de la casa.
En él se encontraba un chico. La muchacha no pudo advertir su rostro. Un enorme tricornio de cuero lo ocultaba.
El joven se incorporó del asiento, e Isabella dio instintivamente un paso hacia atrás.
– No se asuste –le habló el joven con tono melodioso. Aquella voz le enfrió la sangre. Él se acercó unos pasos más hasta quedar frente a ella. Entonces, se deshizo del sombrero que portaba.
A la monarca le dio un vuelco corazón. Sus ojos se inundaron de un sentimiento producto de la mezcla de terror y cólera. Quiso hablar, pero los temblores que dieron comienzo en su cuerpo se lo impidieron. Perdió el aliento durante algunos instantes.
–Parece ser que se acuerda de mí. Todo un honor, si me permite el atrevimiento –dijo, acompañado de una risa con cierta crueldad –. Encantado de volver a verla, señorita.
–Lamento no poder decir lo mismo –elaboró aquella frase con la poca energía que conservaba en sus adentros, la cual acompañó poco después con un cúmulo de saliva que lanzó al rostro de aquel hombre. Los ojos de éste se crisparon furiosamente.
Se apartó el líquido de la cara con una de sus manos. La misma con la que abofeteó después la mejilla de la reina. Con el golpe, el moño se le deshizo, cayendo tras él la corona y el velo. Su pelo largo, ondulado y castaño, cayó entonces en forma de cascada sobre sus hombros. Los dos mechones que tenía a cada lado a modo de flequillo le cubrieron los ojos, hecho que agradeció, ya que unas pequeñas lágrimas comenzaron a asomar en sus ojos. Se las enjuagó tan pronto como pudo. No quería mostrar ningún tipo de debilidad.
–No os aventuréis a cometer, ni una sola vez más, un hecho como ese si no queréis morir antes de lo previsto –aquellas palabras la horrorizaron.
– ¿Acaso no sabéis con quién estáis hablando? –se atrevió a preguntar la muchacha, retóricamente, con el poco valor que conservaba.
–Por supuesto – le contestó amenazante –. Con una cría de tan sólo unos… dieciocho años –el chico la tomó por el cuello, oprimiéndoselo, intimidándola un poco más –. No olvidéis usted a la persona que tenéis delante. Como ya os dije en una ocasión, mi nombre es Alexander Sawford, y puedo llegar a ser mucho peor de lo que hayáis podido imaginar – entonces la soltó. Ella se ahorró contestar.
–Dime Alex, ¿cuándo nos marcharemos? –le preguntó el tipo que la capturó. Su cuerpo era grande y robusto, y su color de piel, aunque apenas era visible por las ropas, era pálido, al igual que el de los demás.
–Tranquilo Rayner, hay tiempo de sobra –Sawford hizo un gesto con la mano a los otros –los cuales permanecieron callados– en signo de que se irían –. Pero sí. Será mejor que nos vayamos cuanto antes. Hoy no tengo sed –Isabella no entendió qué quiso decir con eso, aunque el resto pareció que sí.
Alexander la tomó del brazo con brutalidad para que la chica le siguiera. A ésta no le cupo alternativa.
Recorrieron el camino hacia la entrada en toda su extensión. Salieron, y la reina pudo apreciar que aquella casa estaba casi a las afueras de la ciudad. Al lado de ésta había un carruaje de apariencia lujosa. Poseía cuatro ruedas, las posteriores algo más grandes a las delanteras, y dos puertas que conducían a su interior, el cual tenía dos sillones tapizados de cuero negro.
Sawford la empujó hacia dentro, subiendo él posteriormente, seguido por cuatro de sus compañeros. El otro se quedó en el sillín del exterior, desde donde se manejaba a los dos caballos que llevaban el vehículo. Partieron poco después, dirigiéndose hacia la salida de Roma.
El sonido enmudeció dentro de aquel carruaje, hasta que Alexander tomó la palabra, justo después de dirigir la mirada hacia Isabella.
– No esté triste, señorita –la chica le miró ofendida. No necesitaba una falsa compasión –. Siento mucho haberos privado de vuestra noche de bodas –el muchacho soltó una risa burlona. La reina se sintió humillada con el comentario, y él pareció disfrutar con ese hecho.
La chica se dedicó, entonces, a mirar por la pequeña ventana del vehículo, mientras sentía el movimiento de éste por las piedras del suelo.
– Dígame, su majestad –volvió a hablarle el hombre al que tanto despreciaba –. ¿Cree usted en los vampiros?
–Yo no creo en las leyendas –contestó rápida y tajante. A los demás pareció hacerles gracia. Al instante, todos notaron como el carro paró.
–Vincent, ¿ocurre algo? –preguntó la chica del grupo al que estaba afuera, conduciendo.
–Tenemos compañía chicos. Son oficiales –entonces, todos miraron a Alexander. Éste parecía ser el jefe.
–Id vosotros. Yo me quedaré aquí –la reina no entendió por qué quería que bajaran. Todos salieron del carruaje, excepto Sawford, que se mantuvo a su lado sin moverse. Al momento escuchó unos gritos desgarradores.
Las pupilas de la reina se empequeñecieron y la respiración se le aceleró de forma escandalosa.
Al instante, los componentes del grupo volvieron a entrar. De las comisuras de sus labios se deslizaban hilos de sangre. Sus ropas también estaban salpicadas por ese líquido espeso.
Isabella se encogió en el sillón de piel. Miró con pánico a cada uno de ellos. Creyó sentir como el corazón le salía del pecho por la extrema velocidad del ritmo de sus latidos.
Notó como el vehículo volvía a estar en movimiento. Dudó por unos segundos si debía hacerlo o no, pero finalmente ofreció una mirada hacia la ventanilla, en donde pudo observar a seis policías tirados en el suelo, con sus cuellos rasgados, desbordando sangre a borbotones. Tenían la mandíbula desencajada, probablemente causa del terror, y sus ojos estaban totalmente abiertos y espantados.
La chica sintió un deseo irrefutable de vomitar, pero tuvo que contenerse. Luego observó, consternada, a todos los que la rodeaban. Alexander esbozó una tétrica sonrisa rebosante de barbarie.
–Me parece, señorita…–pausó para girar la cabeza, y así mirarla cara a cara –…que es hora de que empiece a creer en las leyendas.
Ella agachó la cabeza. No sabía, aún, qué querían de ella, pero todo le indicaba que no debía de ser agradable.
En apenas unos minutos, su vida dio un giro de ciento ochenta grados. Ahora se encontraba yéndose de Roma hacia un lugar desconocido, con la única compañía de los que para ella eran monstruos.
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MensajeTema: Re: Re Vampire   Dom Mayo 11, 2008 5:27 pm

Citación :
–Me parece, señorita…–pausó para girar la
cabeza, y así mirarla cara a cara –…que es hora de que empiece a creer
en las leyendas.

esta frase, siempre me encantó xD
Como siempre, me gusta mucho *w* xDD Aunque no sé cuantas veces va que me lo leo ya XDDD

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